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Como sabemos, el sueño es fundamental para el buen funcionamiento físico y psicológico de las personas y una pieza clave para la salud, a través del sueño el cerebro se recupera de la actividad y estímulos diarios y se prepara para el día siguiente.

Una de las últimas publicaciones del Laboratorio-Observatorio de Enfermedades Profesionales de Andalucía (LADEP), creado por el Instituto Andaluz de Prevención de Riesgos Laborales de Andalucía (IAPRL), relaciona la mala calidad y cantidad del sueño con efectos negativos en la salud y productividad de las personas trabajadoras.

Los factores que pueden interferir en la calidad y cantidad del sueño causando un trastorno para la salud son muy diversos, influyen factores como la edad, patologías, estilo de vida, e incluso relacionados con el tipo y características del puesto de trabajo.  

Según el mencionado artículo, la relación que se genera entre el sueño y el trabajo es bidireccional, ya que, por un lado ciertas condiciones del puesto de trabajo pueden interferir en los patrones normales del sueño y generar problemas para dormir, y por otro lado la falta y mala calidad del sueño pueden afectar al rendimiento, productividad laboral y generar problemas de salud.

Entre los factores relacionados con el trabajo que pueden contribuir al desarrollo de trastornos del sueño, como son el insomnio o apnea obstructiva del sueño, destacan los siguientes:

  • El trabajo por turnos.
  • La carga laboral excesiva.
  • Los estresores psicosociales.
  • Dolores musculoesqueléticos.
  • Un ambiente físico adverso.
  • Los trabajos emocionalmente demandantes.

Existen medidas que se han mostrado ser efectivas para gestionar aquellos factores laborales perjudiciales para el sueño, aunque es esencial que dichas medidas se implementen de manera multidisciplinar, es decir, con la participación del área preventiva, el de medicina del trabajo, el de recursos humanos y de las propias personas trabajadoras.

Algunas de dichas medidas son:

  • El rediseño de tareas y entornos de trabajo para minimizar factores estresantes, riesgos ergonómicos y perturbaciones ambientales.
  • La implementación de programas integrales de higiene del sueño y técnicas cognitivo-conductuales, adaptados al contexto laboral.
  • Un mayor control de los empleados sobre sus horarios y ritmos de trabajo.
  • La evaluación y tratamiento de trastornos preexistentes como dolor crónico, depresión o apnea del sueño.
  • El monitoreo del sueño y la fatiga en trabajos sensibles para detectar problemas a tiempo.
  • Las siestas controladas durante las pausas en turnos nocturnos.
  • Formar a los supervisores para identificar y apoyar a trabajadores con insomnio.

La implementación de estas medidas tiene un beneficio en la salud y eficiencia de las personas trabajadoras, repercutiendo positivamente en su entorno y puesto de trabajo.

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